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Tilcara, el municipio “libre de analfabetismo”
El pueblo jujeño fue
uno de los pioneros en el país en adoptar el sistema cubano. Cómo pasó del
13 por ciento de población analfabeta al 0,97.
No
sabían ni leer ni escribir. Pensaban que ya se les había pasado el tiempo.
Pero de repente algo pasó: llegó a Tilcara el “Yo, sí puedo”. Poco a poco,
la mayoría de los habitantes de esa localidad jujeña aprendieron a leer y a
escribir, y con voluntad y tiempo lograron su cometido. Ahora, los ex
analfabetos cuentan con las primeras armas para salir del silencio, al punto
de que Tilcara fue declarada municipio libre de analfabetismo a principios
de año. Después de tres años de trabajo, en el norte del país funcionan 170
centros de capacitación, con 350 facilitadores. Y como los resultados de
esta primera experiencia fueron muy buenos, ahora se aplicará en más
municipios de la provincia.
En 2003, el Instituto Pedagógico
Latinoamericano del Caribe (Iplac) tomó contacto con las autoridades
municipales de Tilcara y les propuso, después de realizar un seguimiento en
la provincia, aplicar el programa en esa localidad. Poco a poco se armó un
plan de trabajo. Se censó a los habitantes para saber cuántos de ellos eran
analfabetos o semianalfabetos, y así, con las primeras videocaseteras y
algunos televisores empezó la capacitación, que luego llevaría a la ciudad
jujeña a ser declarada libre de analfabetismo.
“Desde Cuba ofrecieron un convenio con la
gobernación para trabajar en toda la provincia, pero ésta se negó y dejó
pasar una muy buena oportunidad. Después, los asesores del Iplac llegaron a
Tilcara y nos ofrecieron trabajar con el ‘Yo, sí puedo’. Así, junto con la
ONG Juanita Moro, nos pusimos a trabajar para llevar adelante el programa”,
relata el intendente de Tilcara, Félix “Diaguita” Pérez.
“Fuimos puerta por puerta para preguntar
si sabían leer y escribir. Y si no sabían los mandábamos al centro de
capacitación más cercano. Si nos decían que sabían, les pedíamos que
escriban algo en un papel. Así detectamos que más del 65 por ciento de los
analfabetos eran mujeres y que la edad promedio rondaba entre los 45 y los
85 años.”
Hasta 2003, el analfabetismo en Tilcara
era del 13 por ciento; el 14 de enero de 2006 bajó al 1,6 por ciento y en
febrero 0,97 por ciento, “entre los que hay personas mayores discapacitadas,
otras que viven en zonas muy lejanas y algunas que dejaron el programa por
problemas de salud”, explica el intendente. En enero de 2005, fue declarado
como el primer municipio indígena del país, el 85 por ciento de los
pobladores son miembros de pueblos originarios. Felix Pérez cuenta que
empezaron a buscar las lenguas originarias, “pero para eso había que
aprender a leer y a escribir”.
“Hay lugares donde se puede llegar en
vehículos, donde no hay problemas de comunicación por falta de energía, como
en La Falda, que fue el primer barrio que quedó libre de analfabetismo
–explica–. Pero también hubo barrios y pueblos a los que se llega únicamente
a lomo de mula o caminando, como a El Durazno, a 65 kilómetros de la zona
urbana de Tilcara.”
En ese lugar, como en tantos otros
ubicados en valles y zonas alejadas al casco urbano, no hay electricidad y
las noticias llegan a través de un mensajero que recorre el trayecto a pie,
por lo que la tarea de capacitar se hizo más compleja al no poder acceder
con televisores y videocaseteras. Entonces, el método que utilizaron los
facilitadores fueron láminas, flores, piedras y todo tipo de material,
natural o no, de la zona, que sirviera para relacionar con los números, las
palabras y los colores.
María Díaz de Cardozo es una de las tantas
personas que participó de las clases. Ella tiene 45 años, vive con su esposo
y con tres de sus cinco hijos, en una casa del barrio de La Falda. “Empecé
en el programa en 2003. Yo quería estudiar y me avisaron del ‘Yo, sí puedo’.
Me explicaron que se aprendía con videos a través de los televisores.
Después de sumarme me dijeron que en un centro vecinal cerca de mi casa se
iban a dar las clases.”
A ella le daba vergüenza decir su nombre
porque no sabía todas las letras, “sólo algunas vocales”. “Me costaba decir
y leer mi nombre, me equivocaba y no me sabía mi número de documento. Para
no ir sola porque me daba vergüenza, fui a buscar una vecina para que me
acompañe”, sostiene. Hoy, María se transformó en una capacitadora. Aunque le
costó tomar la decisión, va casa por casa, con el cuaderno bajo el brazo,
enseñando a todas las personas que por vergüenza, la misma que tenía María
antes de aprender a leer y a escribir, no van a las clases. “Ahora puedo
escribir mi nombre y mi documento y no tengo vergüenza de nada”, dice con
total seguridad. Ahora cursa el cuarto grado de la escuela primaria, “porque
nunca hay que dejar de estudiar”.
Para Cristina Romano, diputada provincial
por el Frente Cívico Jujeño y secretaria de la ONG Juanita Moro, “el método
tiene resultados sorprendentes”. “Una vez viajamos a Cuba y formamos La Casa
de la Amistad, y así empezamos a hacer intercambios de profesionales con la
Universidad de Jujuy y la de Cuba. Tratamos de conversar con el gobierno
local, pero no adoptó el ‘Yo, sí puedo’. Entonces lo tomamos en nuestra
organización”, cuenta.
Hoy, Jujuy tiene 170 centros de
capacitación y 350 facilitadores. “Ya declaramos libre de analfabetismo a
Tilcara y ahora vamos por otros municipios”, adelanta. Según datos del Indec,
en todo Jujuy hay 23.856 personas, mayores de 15 años, que nunca fueron a la
escuela; 65.691 que no terminaron la primaria y 107.153 que no terminaron la
secundaria. “Es el 49,14 por ciento de la población que se encuentra en
riesgo educativo –detalla–. Pero como estas personas son invisibles para
muchos, que se queden ahí, total no molestan.”
Informe:
L. Z.
FUENTE: Diario
Página/12, 20 agosto de 2006 -
http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-71726-2006-08-20.html
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