Ramona, un ejemplo
de superación.
Diciembre 6, 2009 ·
La
Ramona, mucha mujer Ramona Ruiz nació hace 56 años en la provincia del
Chaco, la suya es un historia de sufrimiento y pobreza; pero también de
fuerza y de lucha. Esa misma que la hizo referente en un barrio que con la
crisis de 2001 salió a lucha por trabajo y un centro de salud que ahora
cumple 10 años.
Por Alicia
Simeoni
Fue por el
Día de la No Violencia contra la Mujer que Ramona Ruiz punteó su historia y,
además, porque a sus años, 56, todavía sigue tapándose los oídos, cerrando
los ojos y apretando la boca cuando escucha que una niña fue violada y
maltratada.
Ella tiene
todos los dolores de su vida en la mirada, en su rostro de tez oscura, en el
rictus de sus labios, hasta en el andar un poco cansado. Aún de esta manera,
de todas esas marcas también fluye la fuerza y la capacidad para pedir y
recibir ayuda, tal vez la condición más saludable con la que hombres y
mujeres pueden salir de los pozos más oscuros.
Cuando
habla aparecen, implacables, las huellas de la violencia de género que
sufrió de niña adolescente y también cuando fue mayor, pero su relato ya
adelanta el contacto que tuvo con personas y organizaciones que la ayudaron
a valorizarse, a pararse de otra forma en la vida. Por eso, desde hace
muchos años, ella es “la Ramona” referente en el barrio Santa Lucía, en el
oeste de la ciudad, detrás de la avenida de Circunvalación.
Claro que
Ramona ya tomó contacto con sectores del gobierno municipal, a través del
Area de la Mujer y con otras ongs. que trabajan en el tema de la violencia,
pudo incorporar recursos, sobre todo simbólicos, para poner en práctica ese
saber adquirido en cuanto a que es la única dueña de su propio cuerpo.
También
aprendió a transitar algunos de los caminos que nunca había podido andar: el
de la educación, está en el programa ‘Yo sí puedo” y se graduará en
diciembre.
Además de
trabajar en el cirujeo y en tareas domésticas aprovechó al máximo la
capacitación que vino luego de los duros días y la hambruna del 2001 cuando
también participó de los tantos piquetes que pedían por comida, trabajo y un
centro de salud, el que cumplió ya 10 años en Riobamba al 7.600 y por eso
hubo festejo anteayer.
Ahora ‘la
Ramona’ es un fuerte referente para mujeres víctimas de la violencia que no
saben cómo salir de tantas situaciones en las que muchas pierden la vida.
¡Cómo le gusta bailar! Por eso tiene a cargo un grupo de niños de la zona a
los que enseña a moverse al compás de los acordes chamameceros y con los que
viaja “por todos lados”, cuenta.
Ramona
Ruiz nació hace 56 años en Campo Largo en la provincia del Chaco y es la
mayor de 7 hermanos, 6 mujeres y un varón. Mientras la madre se quedaba en
el pueblo con los más chicos el padre se la llevaba a ella y a su hermana
Blanca, un poco menor, a trabajar al monte. Allí vivían, amontonados todos
en viviendas tipo galpones, con otros braceros.
Ellas
cortaban la leña, la cargaban en la ‘zorra’, “a veces hasta trabajábamos con
la motosierra y nos lastimábamos el pecho cargando los troncos”, dice en
tono monocorde. Pero eso no era lo peor que les pasaba, a los 13, 14, 15 o
16 años. El terror comenzaba por las noches, con las violaciones del padre y
el no saber a quien le tocaría el calvario. Ramona habló con esta cronista
en un consultorio del Centro de Salud Santa Lucía, una institución con
fuertes lazos en la historia barrial.
En ese
momento, además de las lágrimas tuvo que tomarse la cabeza y sacudiéndola
cerrar los ojos, taparse los oídos e intentar escapar de la escena que se le
aparecía, tremenda. Las formas de denuncia que intentaban ante su madre eran
desestimadas o la mujer les planteaba la resignación ante los golpes que
ella misma recibía y el pensar en que, de lo contrario, tendrían un futuro
peor sin nadie que les trajera algo de sustento. “Mi casa era linda en Campo
Largo, de barro, con muchas plantas y terreno grande….Éramos felices hasta
que mi papá nos llevó a trabajar… Yo nunca quedé embarazada de él, mi
hermana sí, él llamaba a alguien para que la raspara y, una vez, cuando tuvo
el bebé lo ahogó al nacer y lo enterró. También nos hacía arrodillar sobre
el maíz. A los 16 decidí irme de su poder” era el poder de su fuerza”.
Ramona habla así porque está relacionada con espacios colectivos que
realizan abordajes de los temas que tienen que ver con la problemática de
género, de ahí que use el vocabulario adecuado para referirse a quienes
desde distintos posicionamientos ejercen dominación. Después de eso su vida
tuvo varios dobleces: a los 17 años tuvo su primer hijo ya alejada del hogar
paterno: “Aunque mi padre lo crió hasta los 14 cuando murió. No sé qué me
pasó, era muy chica, estaba sola y creí que no iba a poder sacar adelante a
mi chico”. Después de varios años, casi a los 26, quedó embarazada de quien
dice que fue el amor de su vida uno de los pocos momentos en que sonríe ,
pero tampoco se quedó con él.
Entonces
se vino a Rosario con Antonio, quien sería después el padre de sus otros 10
hijos. “Vinimos como amigos, él tenía familia en Pellegrini y
Circunvalación…Después de un tiempo nos juntamos, nos fuimos a un ranchito a
una cuadra. Antonio trabajaba en la construcción. Todo iba bien hasta que
empezó a tomar y a agredirme, a maltratarme, a insultarme”. Cuando su hijo
mayor también se vino del Chaco, Ramona comenzó con la elaboración de tortas
asadas y panes. Además salía a cirujear “y ya no quería estar pendiente si
un día mi marido me daba dinero y si al otro se le ocurría no dármelo”,
asegura. Ramona Ruiz conoció a Juan Gencheff, el dirigente de la Mesa de
Encuentro Barrial y a su esposa Elisa: “Ellos me ayudaron a crecer y a
valorarme como persona”, explica. Se detiene en el relato y vuelve sobre su
marido: “Era tan machista ese hombre y ahora ya cambió, pero hace 6 años que
no convivo con él, le dije que no lo quería más cerca mío, quiero que me
respeten”.
Cuando se
planificó el trazado de la autopista a Córdoba, se relocalizó a los
habitantes del primer barrio Santa Lucía. Se llamó así porque la primer
familia que se asentó era de un pueblito correntino de ese nombre y quienes
se seguían acercando utilizaron la expresión “vamos de los de Santa Lucía”.
La relocalización se hizo en donde están actualmente, hacia el oeste de la
avenida de Circunvalación, con una calle como Riobamba al 7.600, donde está
el Centro de Salud y da la puerta de la escuela que lleva el mismo nombre.
Ramona
está en el Programa “Yo, sí puedo” y en diciembre se graduará.
Cuando cuenta cada una de estas cosas no sonríe, parece como que estuviera
sacando un resto de fuerza para seguir hablando. Y es que uno de sus doce
hijos, Pablo, murió dos años atrás, justo en el día en que cumplía 15 años.
Ahora se quiebra por completo y se toma unos instantes para continuar. (Se
trata del caso del chico que en Santa Lucía caminaba por el techo del Centro
de Salud y luego en la pared lindera que separa a la institución de la casa
de otra vecina. Se supone que cayó porque había consumido alguna sustancia,
no de las más conocidas en la zona como la marihuana y la cocaína, sino otra
“más venenosa”, explica la mujer, que lleva algún proveedor que se instala
allí algún tiempo como ocurre con otros barrios. Le llaman ‘alitas de mosca’
y contiene un cóctel terrible con la resaca de la cocaína y hasta utilizan
un ‘picado fino’ de una parte de los tubos fluorescentes. Cuando Pablo
murió, hacía muy poco tiempo del primer caso de una seguidilla de
adolescentes cuyas vidas terminaron con la inhalación de pegamento). Las
mujeres víctimas de violencia la consultan, la buscan, le piden ayuda. “Hace
unos días fuimos a hacer la denuncia a la comisaría con una chica joven, el
marido le había pegado muy fuerte, pero no la querían tomar. Escuchábamos
que entre dos policías se decían “`habrá estado cogiendo con otro y ahora
viene a denunciar’”. Después de que insistimos tanto vino una mujer que la
tomó, pero con el trámite en Tribunales y todo eso se tarda mucho para la
exclusión del hogar. Es muy duro para las mujeres y a veces no se dá más”.
|